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MONUMENTAL: EL BURRITO ORTEGA DESATA LA FIESTA DE UN AMOR INCONDICIONAL

River Plate le ganó Barcelona por 2-0 en el Choque de Leyendas y en el Monumental vivió una tarde de sábado muy especial en la que los hinchas disfrutaron del fútbol de uno de sus últimos grandes ídolos, Ariel Burrito Ortega.

El amor entre los fanáticos del Millonario y el jujeño será eterno, y es algo que le demuestran al exjugador en cada oportunidad que tienen.

Ortega fue, por lejos, el más ovacionado de la tarde en el Monumental y cada vez que ocurría, se le dibujaba una sonrisa a cada uno de los presentes.

Detrás de él, Beto Alonso y Trapito Barovero fueron los que más cariño recibieron. Uno escalón atrás, Fernando Cavenaghi y el Chori Domínguez.

Es estos partidos no hay análisis para realizar y los protagonistas son el foco de los hinchas, por lo que el resultado queda en segundo plano.

Desde las tribunas bajó la primera ovación para Ortega mientras el equipo entraba en calor, pero sería la primera de muchas.

En cada oportunidad que el Burrito controlaba la pelotauna ola de aplausos bajaba de los cuatro costados del Monumental.

Las ovaciones llegaron cada vez que Ariel dominaba el balón y metía un par de enganches para dejar en el camino a algún jugador del Barcelona.

En particular hubo una sobre la derecha ante Fernando Navarro ante la mirada de Juan Pablo Sorín y el lateral no paraba de sonreir como cuando jugaron juntos en River en la temporada 1996/97 y en la etapa de ambos en la Selección Argentina.

Por su la fiesta en el Monumental no podía ser completa, el segundo tiempo le aguardaba una sorpresa para los fanáticos.

A los 26 minutos el árbitro cobró un penal para el Millonario y fue como si los hinchas se hubieran puesto de acuerdo antes del partido, todos empezaron a pedir que lo pateara Ortega.

Frente a ese panorama, el Chori tomó la pelota y se la sirvió como en bandeja de plata al Burrito para que ejecute la pena máxima.

Como hizo cientos de veces entre partidos y entrenamientos, Ortega la agarró, la acomodó y la puso contra el palo izquierdo para hacer que los hinchas de River griten otra vez un gol de él en el Monumental.

La última ovación llegó cuando Omar Labruna, DT e hijo del máximo ídolo de la historia de River, decidió que el Burrito dejara el campo de juego cuando faltaban dos minutos para el final de partido.

El amor incondicional entre River y Ortega será para toda la vida, será eterno, pero también lo será el que tiene la pelota por él.

Cada vez que el Burrito ponga una pelota bajo su suela, ambos serán felices y sonreirán hasta el final de los tiempos.

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